martes, 15 de agosto de 2017

¡Manolete!

Por Córdoba la Mayor
corren sollozos de muerte:
la flor blanca del toreo,
se marchita sin moverse.

Sierra Morena, en agosto,
quedó cubierta de nieve;
los campos y huertos crujen
faltos de color y germen.

Hay un río de tristeza
que desconoce los puentes
y el remanso y las orillas
y el mar en donde perderse.

El rezo de las Ermitas
busca un milagro, sin suerte.
Por Córdoba la Mayor
¡Manolete!... ¡Manolete!

Meditador de distancias
ante una incógnita hiriente.
Faenas de laca y mimbre.
Cadencia en cerco de mieses.
Semilla de plantas quietas
en un surco de vaivenes.

En él toda una lidia
de rotundos caracteres.
Verónicas  de amaranto
que deshojándose crecen.

Cuatro ayudados de torre
como si estuviera ausente,
y un pasa toro y embiste,
que no te miro si quieres.

¡Ay, de aquellos naturales
de amapola y oro y fiebre!
Manoletinas de espuma
que se esconden y aparecen.

¡Cómo las astas tan cerca
si toreando se duerme!
¡Ay, de tu estoque en los altos
como cinta que se prende!
Camino de anillos nuevos…
¡Manolete! ¡Manolete!



                                                       Mario Cabré

sábado, 5 de agosto de 2017

Llanto por Manolete

Llegan de Sierra Morena
a la plaza de Linares
para ver a Manolete
los mineros de Arrayanes.
Suben de la oscura tierra
para que a la tierra baje,
a minas de plata y gloria,
quien fue de acero en su arte.

Un anillo gris, de plomo,
forma el público. La tarde
cenicienta se oscurece
sobre grises olivares.
Manolete, todo alma
caballero de diamante,
luce sus últimas luces
en la plaza de Linares.

¡Qué espada como su espada,
envidia de los arcángeles!
¡Qué revuelo como el vuelo
de su capote en el aire,
ala que tiene la muerte
como fin de su viaje!
Rodó el toro por la arena
donde olvidaba su sangre
Manolete, que no quiso
sin matarlo retirarse.

¡Qué gran torero, torero,
torero, torero grande!
¡El de la triste figura,
tan triste como elegante!
¡Tan cumplidor, tan valiente,
tan trágico, tan suave”
Serán las plazas de toros
colgadas de la ciudades
como coronas de luto
que su memoria acompañe.

Que un público de gardenias
y pensamientos rebase
las barreras y tendidos
donde florecieron antes
tanto clavel varonil
y tanta rosa fragante.
Murió el torero en España.
Su muerte cruzó los mares.
Lágrimas de España y Méjico
llueven en los funerales.


                                                                  Manuel Altolaguirre