que en sus arenas la ciudad arlesiana
iluminó de vocación romana
el torero andaluz de arte más puro.
Yo no lo vi, pero me lo figuro
a Ordóñez, que hizo a Ronda sevillana,
torear tan bien como le dio la gana
lo mismo al toro claro que al oscuro.
Conozco su percal, y su manera
de jugarlo en la suerte con graciosa
elegancia, tan fina y tan torera,
que burla la embestida tenebrosa
de la testa cornuda de la fiera
volviéndola, en su tela, luminosa.